lunes, 29 de septiembre de 2008

WILBER CALVER: EL GAITEIRO DE LA HABANA


Wilber Calver, de 32 años, se mudó de Cuba a Xinzo arrastrado por la aventura de tocar, formar su propia banda y perfeccionarse en la Escola de Gaitas. Y lo hizo siguiendo el sueño de los protagonistas de la película ’Habana Blues’, en la que participó tocando con su gaita, que tan pronto suena a muiñeira como a danza africana, blues o reggae, una fusión con un sello muy personal.





En Cuba le llamaban el ’gaiteiro de La Habana’, ciudad en la que residía pese a ser natural de Holguín. Tocaba en todas partes: en la calle, locales, con bandas y en solitario. Un buen día, conoció a un grupo de vecinos de Xinzo y, el pasado mes de mayo, animado por sus ahora amigos decidió emprender la aventura de instalarse en este municipio de A Limia y con un único fin: tocar la gaita, un instrumento poco extendido en la isla caribeña.

Wilber Calver, de 32 años, aparece en uno de los pasajes de la película ’Habana Blues’, de Benito Zambrano (2005), y como si fuese uno de sus protagonistas sigue el sueño de ’tocar, formar mi propia banda en Xinzo y poder entrar en la Escuela de Gaitas para perfeccionarme’.

Su carta de presentación es: ’Soy cubano al cien por cien’, aunque matiza que con ascendentes jamaicanos que afloran en las rastas que pueblan su cabello y en su piel de ébano.

El gaiteiro cubano vio la gaita por primera vez en una película cuando era niño. ’No sabía ni cómo se llamaba el instrumento’, explica y conoció su nombre cuando llegó a sus manos un cuento para niños que procedía de Rusia y que se titulaba ’El gaiteiro y la gruta encantada’.



Curiosamente, su maestro fue Eduardo Lorenzo Durán, de Arbo (Pontevedra), que hoy ya no vive y está considerado como una leyenda en la enseñanza de la gaita en Cuba. ’Cuando me vio por primera vez, me miró, se rió y dijo: ’¿Quién ha visto un negro gaiteiro’?. Y señala que como el maestro era mayor, la formación duró poco, aunque le dio un sabio consejo: que si realmente le gustaba la gaita, ’a tocar y tocar. Y eso, más que triunfar, es lo que quiero hacer, tocar y tocar’.

Haz click AQUÍ para ver el emotivo documental de Eduardo Lorenzo

Y su gaita suena diferente, tan pronto suena a muiñeira como a danza africana, música popular cubana, reggae, blues y, en definitiva, una fusión que le da un sello muy especial. No en vano, en Cuba formó parte de un grupo, ’Babalú ayé’, donde su gaita sonaba con tambores batá, cajo nes, claves, bongoes, cencerros y otros instrumentos que entonaban estribillos como este: ’Aunque no lo creas tú, aunque no lo crea yo, una gaita y guaguancó’. También ha pasado por grupos cubanos como ’Aceituna sin hueso’ y ’Tierra Verde’, donde donde la gaita irrumpía a ritmo de reggae. Y como buen gaiteiro, lleva la gaita a todas partes y siempre ’con un sentimiento muy cubano’. Wilber Calver dice que ’no quiero ser famoso sino conocer gente, tocar y estudiar’.

Entrevista de la revista cubana Bohemia a Wilber Calver realizada por la periodista Nora Sosa.

Sí, resulté sorprendida cuando me aseguró: con esta melodía, lo mismo se baila una muñeira gallega que la danza africana dedicada a Ochún, la diosa del amor. Y a esta interpretación le siguió Son Mariñan, "hecha tan a lo cubano, que se puede llegar a bailar el son".

Nacido en la provincia de Holguín, hace 30 años, Wilber queda fascinado por el timbre y la forma de la gaita, cuando la conoce a través de un filme francés. Pero solo llega a conocer su nombre al leer la historieta para niños El gaitero y la gruta encantada, en la revista Misha, de la antigua Unión Soviética. "La gaita es un instrumento único", me asevera este músico de ascendencia jamaicana que cuando se asienta a vivir en el Cerro habanero, hace 13 años, encuentra nuevas posibilidades para sus intereses musicales.



"En 1996 Ángel García, el otro negro cubano que tocó gaita antes que yo, me lleva al Centro Gallego para incorporarme al grupo Follas Novas, donde comienzo a aprender la percusión de esa región española."

Como Wilber quería aprender a tocar la gaita, Ángel García le da la dirección de quien constituye una leyenda en la enseñanza de ese instrumento musical en Cuba, Eduardo Lorenzo Durán, conocido como El último gaitero (de una generación), quien en su casa de la calle Virtudes 205, lo recibe con una ocurrente frase que se hizo famosa en Los últimos gaiteros de La Habana, el conocido documental dirigido por Natasha Vázquez y Ernesto Daranas.

"Eduardo no me conocía –me cuenta Wilber–. Cuando abre la puerta y le digo el porqué iba a verlo, caminó hacia atrás, se sentó y se quedó mirándome hasta que se empezó a reír diciéndome: ¿Quién ha visto un negro gaitero?

"Enseguida empecé a dar clases con él en la Agrupación Artística Gallega. Pero solo por dos meses pues,como era ya muy mayor, y tenía la vista muy mala, se cayó caminando por la calle,y tuvo que retirarse."
Aunque mi trabajo es escribir, no dejo de reconocer la conocida frase de que una imagen vale por mil palabras. Pero ahora encontraba la afirmación adaptable también a la música. Escuchando la Mazurca de Bretoña, Wilber Calver me hace percibir cómo, en esa composición, la gaita se une a los tambores batá, cuestión que, aunque siempre sea admirable, me hizo recordar los orígenes de nuestra nacionalidad.

No obstante, antes de dejar de enseñar en la Sociedad a la que pertenecía desde 1948, Lorenzo Durán le advirtió que si realmente le gustaba la gaita, con lo que había aprendido podía continuar solo. Y de entonces acá, solo, Wilber se ha creado sus estrategias para seguir adelante, entre estas una estrecha relación con el movimiento que a nivel internacional se ha instituido alrededor del instrumento cuya tradición también se enraiza en las regiones españolas de Asturias, Aragón y las Islas Baleares, así como en numerosos países europeos y asiáticos, sin olvidar naciones de América Latina como Argentina y Venezuela donde –al igual que en Cuba– la gaita se hizo sentir en particular con las masivas inmigraciones.

Fue en 1999 cuando, por iniciativa de Wilber, surge el colectivo Afrocuban Celtas, que hace sonar la tradicional muñeira gallega con un aire diferente. Aunque al no tener condiciones materiales para mantener el grupo, sus integrantes solo se reúnen en determinadas ocasiones.



¿Aplatanar la gaita?

En el municipio capitalino del Cerro, Wilber se une al conjunto Babalú Ayé, que dirige su vecino, el afamado especialista en música folclórica afrocubana Raúl González Brito (Lali).Y allí la gaita suena con tambores batá, cajones, tumbadoras, chequerés, claves, bongoes y cencerros, a la vez que sus ejecutantes entonan un pegajoso estribillo: Aunque no lo creas tú, aunque no lo crea yo, una gaita y guaguancó.



Otro aspecto de la labor de Wilber que muestra una mentalidad abierta y desprejuiciada, es su inserción en conjuntos que tocan la música más del momento como Aceituna sin hueso y Tierra Verde, donde lo oímos hacer sonar la gaita en medio de la cadencia del ritmo reggae. Lo que tampoco le ha impedido incluirse en otros contextos como el colectivo danzario Habana Flamenca y el de música antigua El Gremio.

"Lo que estoy tratando –explica Wilber– es de aplatanar la gaita. Que el instrumento se relacione con una sonoridad muy especial dentro de la música cubana, como mismo la gente asocia el tres con el son montuno, por ejemplo. Sé que va a ser muy difícil. Actualmente, concebí el tema Aquí sí hay, a partir de la fusión de una melodía tradicional irlandesa con rumba, con son. Comencé a buscar el engranaje a todos estos ritmos, hasta lograr una pieza donde está presente lo cubano más tradicional, y también lo moderno."

Hacer llorar la gaita

Intuyo en Wilber un músico solitario. "Me paso la mayor cantidad de horas del día con la gaita a cuestas, unas veces practicando muy cerca de El Morro, en la roca, y de noche, en la Plaza de Armas. El gaitero es un personaje de pueblo, que toca la gaita donde se le ocurre."

Oyéndolo, llegué a deducir que tocar música en un ambiente relajado, de vecindad, implica también el baile. Por eso, la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana no hacía más que revivir la tradición cuando, en uno de los Festivales Internacionales de Danza de la Calle, bailarines vestidos con trajes tradicionales gallegos danzaban muñeira y son.

"En mi proyecto, con la misma música se puede bailar gallego, afro y lo popular cubano", insiste Wilber. Y en el Callejón de Hammel, puede vérsele improvisar junto al grupo de rumba Iroso Obba, mientras toma fuerza el bailoteo, ese que seguramente también se armaba en los barrios viejohabaneros. Algo que con seguridad habría disfrutado Eduardo Lorenzo, el maestro de gaiteros.

"Eduardo explicaba que no encajaba el virtuosismo sin sentido y sin alma. También decía que los gaiteros de hoy tocaban con tremenda digitación, pero que se había perdido lo que él había conocido como hacer llorar la gaita."

La última expresión me trae a la mente la morriña del emigrante, esa huella de angustia ante el recuerdo de la aldea lloviendo, la tristeza de las canciones gallegas. Y también la saudade que, según alguien me dijo, es un sentimiento "más noble, más elevado". Que se mantiene vivo, en manos cubanas; en esta jacarandosa Gran Antilla, donde entre tumbadoras y bongoes, la gaita también canta.

-Años más tarde Wilber se trasladaría a Suíza, país natal de su mujer. Allí continúa con su proyecto de fusión



2 comentarios:

Chavalos de Managua dijo...

Hermano, te recuerdas el gaitero de Francia que toca gaita escocese???
No tengo ya tu direccion!!!
Porfavor dame de tus noticias,
Stéphane
MI MYSPACE MUSIC, nombre del musico: leborgne

Chavalos de Managua dijo...

Me puedes escribir directamente a esta direccion: leborgne1@live.fr
Me haces falta hermano.
Dime como esta tu Mama y su esposo!